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Jueves 25 de Abril de 2019
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Economia
Apple lanzó su propio Netflix
La firma de Cupertino decidió subirse al mercado de las series y películas, para compensar la caída en la venta de celulares. El escenario que viene

Noticia
El 9 de enero de 2007, Steve Jobs presentó la primera generación del iPhone. Apple, el fabricante computadoras de alta gama que había generado en 30 años un verdadero culto a su alrededor, se metía de lleno en los bolsillos de millones de usuarios.   Doce años después, el dispositivo móvil más popular de la historia sigue siendo un best seller: cada lanzamiento es seguido por millones de espectadores a través de internet y sus novedades ocupan las primeras planas de los medios más importantes del planeta.   A simple vista, todo parece color de rosas. Sin embargo, el mercado comenzó a mostrar síntomas claros de retracción en 2018.   Depender de manera excesiva de las ventas de la línea iPhone fue bendición y castigo para el gigante de Cupertino. Más del 60% de sus ingresos provienen de sus smartphones, lo cual ayudó enormemente a consolidarla como la firma más grande del planeta.   Las ventas globales de teléfonos inteligentes registraron su peor contracción el año pasado, y las perspectivas para 2019 no son mucho más alentadoras, de acuerdo con lo que muestran diversas investigaciones de mercado.    Lejos de crecer, el número de teléfonos móviles vendidos en todo el mundo disminuyó 4% en 2018, a un total de 1.400 millones de unidades, según la firma de investigación IDC.    Fuera de un puñado de países de alto crecimiento como India, Indonesia, Corea del Sur y Vietnam, el resto no mostró señales positivas.    Incluso el mercado chino, que representa aproximadamente el 30% de las ventas de teléfonos inteligentes, fue especialmente afectado con una caída del 10%, según el análisis de IDC.   En rigor, la industria se encuentra en el ojo de una tormenta perfecta: a la incertidumbre económica y política que toca a muchas economías se ha sumado un público consumidor que ya no tiene tanta prisa por reemplazar sus dispositivos.   Este último apartado tiene un antecedente en el mercado de PCs, que desde hace años se mantiene constante, incluso con una leve tendencia a la baja.   El desarrollo tecnológico llegó a un nivel tal que las personas no encuentran una motivación extra para hacer un cambio: si el dispositivo funciona y cumple con las expectativas, no hace falta reemplazarlo.    El iPhone, en este sentido, es esclavo de su propio éxito. Los usuarios suelen estar tan satisfechos que demoran varios años en comprar un modelo nuevo.   Este escenario obligó a la empresa a transformarse una vez más: con segmento de servicios que ya representa el 16% de su negocio total, la solución no pasó por pensar en nuevas ideas por el lado del hardware.   Si los usuarios migran hacia el streaming y el consumo on demand, allí hay que apuntar los cañones. Los fuertes lazos generados en la industria del entretenimiento a lo largo de los años le permitieron desarrollar una apuesta arriesgada: su propio servicio de video en línea.   ¿Es un paso seguro? No, pero la empresa ha logrado sus mejores resultados cuando ingresó a mercados ya establecidos con propuestas disruptivas o, al menos, atractivas para los usuarios, que no han dudado a lo largo de los años en sumarse como clientes.   Lo hizo con iTunes, lo hizo con el iPhone. Y ahora puede hacerlo con sus propias series y películas.   Hace dos años, contrató a dos ejecutivos de larga trayectoria en Hollywood, Jamie Erlicht y Zack Van Amburg y les dio u$s1.000 millones para que desarrollarán contenidos para Apple TV.   Más recientemente, dedicó tiempo y recursos para negociar acuerdos con cadenas televisivas y estudios, con el objetivo de engrosar la lista de contenidos para su ansiado servicio.   Este 25 de marzo, los deseos de Tim Cook se hicieron realidad: Apple TV + (Plus) será el servicio que tendrá sobre sus espaldas la respolsabilidad de llevar el negocio de la empresa a una nueva era, con todas las oportunidades y riesgos que ello conlleva.    Para entender la filosofía de Apple hay que remontarse a sus inicios, caracterizados por el espíritu emprendedor y la creatividad (a veces exacerbada) constante.   Mucho tiempo ha pasado desde los albores de la década del 70, cuando Steve Jobs y Steve Wozniak, la gran pareja (despareja) de Silicon Valley -uno carismático y temperamental; el otro, parco, más cerebral y taciturno- lanzarán las primeras computadoras Apple desde el garage del primero en pleno Palo Alto, un suburbio emplazado a escasos 30 minutos de la cosmopolita San Francisco.   La empresa rebelde del valle, con un espíritu atravesado por la contracultura de los tumultuosos 60 y el espíritu punk de la llamada invasión del 77, lideró junto a firmas como Atari e Intel una revolución no solo tecnológica, sino también cultural.   Ese ADN, impregnado por sus fundadores, se fue diluyendo en el ambiente corporativista de la década siguiente, más afín a Wall Street. Jobs, que había ideado productos disruptivos como la Apple Lisa y la mítica Macintosh, dejó la empresa "por la puerta de atrás" a mediados de los 80 y Apple entró en una edad oscura que tuvo más errores que aciertos en su haber.   Diez años después, cuando volvió al campus de Cupertino para capitanear un barco que parecía a la deriva, Jobs lo hizo con ideas frescas y un concepto más pulido de lo que quería que fuera su empresa. En los años siguientes gozó de una racha inédita: un éxito tras otro, desde las iMac de colores al iPod, todo parecía tener el toque del rey Midas.   En ese lapso, también presentó iTunes, su plataforma de música que cambió la relación de fuerzas dentro de la industria discográfica: con las ventas de LPs y discos compactos en baja, la web se convirtió en la principal vía de distribución de canciones a lo largo y ancho del globo.   La división de servicios era una rara avis en medio de un negocio multimillonario de máquinas orientadas a usuarios finales. A ella se sumaron, años después, divisiones como el App Store (su tienda de apps), Apple Pay (pagos móviles) o iCloud (almacenamiento en la nube).   La nueva apuesta es riesgosa, porque la pone en el ring frente a colosos como su vecina Netflix, Amazon y Hulu. Todas ellas tienen años en el mercado, propuestas de contenidos robustas y el conocimiento de una industria en la que Apple será un verdadero novato.

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