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Viernes 13 de Diciembre de 2019
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Sociedad
Amenazas, detrás de la segunda absolución de César Milani
Las abogadas de la familia del exsoldado Ledo recibieron amenazas de muerte y el militar mandó a su yerno para tratar de convencer a la madre que la denuncia era producto “de las corporaciones políticas y mediáticas”.

Noticia
El ex jefe del Ejército K, además ideólogo y líder del área de Inteligencia militar, fue absuelto por segunda vez en un causa judicial en la que estaba acusado de cometer delitos de lesa humanidad durante la última dictadura. Primero fue considerado inocente en la trama siniestra del secuestro de los Olivera, padre e hijo, riojanos ambos. El último de ellos está vivo. Jura que nunca olvidó que entre quienes se lo llevaron de su casa para someterlo a un encierro con tormentos, siempre en los años de la dictadura, estaba Milani. Lo dejó asentado en el "Nunca Más" de La Rioja. En 1984. Pero antes, estando detenido durante el Proceso, denunció a ese tal Milani que en el 2013 sería una personalidad célebre de la clase dirigente. Un tribunal militar sancionó a la misma persona que luego, en democracia, fue absuelta por los mismos hechos por los que en un país sin ley había recibido una sanción.   La absolución de Milani en el caso Olivera está apelada ante un tribunal de alzada. El viernes pasado, otro tribunal oral volvió a absolver a Milani en un segundo caso en el que estaba procesado por crímenes de lesa humanidad. Esta vez, se lo juzgó para determinar su rol en la ahora confirmada desaparición del conscripto Alberto Agapito Ledo. Todo ocurrió en 1976, en Tucumán.   Aun no se conocen los fundamentos de quienes votaron favoreciendo al militar más polémico de la democracia. Los magistrados que intervinieron en esta causa son Gabriel Eduardo Casas, Carlos Jiménez Montilla, y Enrique Lilljedhal. Los fiscales, que pidieron seis años de cárcel para Milani, fueron Pablo Camuña y Agustín Chit. Existen lazos de procesos y vivencias similares para los denunciantes, familias distintas que padecieron la dictadura, y también para las autoridades judiciales, que impulsaron los casos del doble absuelto Milani. Retrasos poco explicados. Jueces recusados con argumentos sólidos. Argucias leguleyas presentadas por las defensas del ex jefe del Ejército K. Pedidos de juicio contra integrantes del Poder Judicial que se atrevieron a indagar sobre el rol que tuvo Milani en la dictadura durante los años que pasó en La Rioja y Tucumán. Personas que merodeaban a los defensores de los acusadores. A las querellas. Gente que parecía espiarlos. Trabas para que los denunciantes presenten pruebas. Magistrados que actuaron siempre con benevolencia para con el militar retirado y con resistencia al reclamo de quienes fueron víctimas de la dictadura.   La primera absolución para Milani fue en el marco de su supuesta actuación en el secuestro de la familia Olivera, sobre todo del ex preso político Alfredo, hijo de Pedro, quien también fue detenido por la dictadura, y además fue torturado. Tras sufrir esos padecimientos, nunca recuperó su salud, y murió sin poder moverse como lo hacía antes de estar preso en una cárcel del Ejército. El fallo fue apelado a la Cámara Nacional de Casación Penal. Esta absolución de Milani está basada en argumentos que pueden sentar un precedente temerario: dos de los tres jueces del tribunal que absolvió al ex jefe del Ejército y la Inteligencia K aseguraron que el allanamiento a la casa de los Olivera, y su posterior detención, se hicieron de modo legal, aunque las normas que se tomaron en cuenta fueron firmadas por el dictador Jorge Rafael Videla en un país sin garantías constitucionales.   El viernes pasado, Milani sonrió de nuevo ante la segunda absolución en una trama que lo vinculaba a su trabajo durante el Proceso militar. Llegó a juicio oral acusado de ser partícipe de la detención del soldado Alberto Agapito Ledo, quien permanece desaparecido. Ledo trabajaba junto a Milani. El ex jefe del Ejército K quedó involucrado también en el delito de falsificación de documento público. Ocurre que fue él quien firmó una supuesta acta en la que se aseguraba que Ledo había desertado.   En este último caso, las denunciantes durante 46 años de la desaparición de Ledo fueron la madre del conscripto, Marcela Brizuela Ledo. Y la hermana de Agapito, Graciela Ledo.   Los fiscales Pablo Comuña y Agustín Chit habían pedido seis años de cárcel para Milani. La misma condena exigieron los abogados querellantes, la familia Ledo y los abogados de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.   Pero llamó la atención que mientras que el el ex jefe del Ejército K fue absuelto, en el mismo procesó el tribunal condenó por la desaparición de Ledo, a 14 años de cárcel, al jefe de Milani en 1976, el coronel retirado Esteban Sanguinetti. Fue beneficiado con prisión domiciliaria. Sanguinetti había declarado en su momento que le había ordenado a Milani que confeccionara el acta de la deserción falsa de Ledo. En el juicio oral cambió su testimonio y benefició así a su ex subalterno.   Las Ledo apelarán el fallo.   Un primer lazo entre el caso de Agapito y el de los Olivera, entre otros, se podría sintetizar en un hombre de la Justicia: un juez.   Se llama Enrique Lilljedhal.   Integró los dos tribunales que absolvieron a Milani. Aunque él fue el único que en la causa de Olivera pidió condenarlo a cuatro años de cárcel. Los dos magistrados formaron mayoría y dictaminaron la inocencia del ex líder del Ejército K.   Los abogados Milani, después de conocer los fundamentos del fallo, denunciaron a Lilljedhal ante el Consejo de la Magistratura. La acusación no prosperó.   Más similitudes entre un proceso y otro. Quizás azarosas. Tal vez no.   Las defensas de los denunciantes recibieron todo tipo de amedrentamiento. Amenazas de muerte telefónicas. Seguimientos por personas desconocidas. Incluso a las abogadas de las Ledo no solo las llamaron varias veces y al atender solo escucharon una marcha militar y un saludo que les heló la sangre. También debieron defenderse ante intentos leguleyos que exigían retirarles las matrículas para ejercer su profesión.   Son Viviana Reynoso y su hermana María Elisa Reynoso. Con ambas trabajó Adriana Mercado Luna.   Las Ledo, madre e hija, igual que la familia Olivera, se acostumbraron a reconocer a hombres que no eran riojanos pero siempre estaban presentes en las marchas por el reclamo de Justicia que hacían en espacios públicos de su provincia, La Rioja.   Hace pocos años, Graciela Ledo entró a la casa de su madre y la descubrió hablando con un desconocido. Se asombró pero no tanto. Cuando le preguntó quién era entendió más. El hombre se presentó como el yerno de Milani, pareja de una de las dos hijas del militar: se llama Gonzalo Javier Salas Morales. Cuando le preguntó por qué había entrado a la casa de su mamá, hoy de 87 años, firme y lúcida, él le explicó que había viajado hasta La Rioja para entregarles una carta de las hijas del ex jefe del Ejército K, que ya estaba imputado en el caso de Agapito. Ese texto enojó a Graciela Ledo. Aunque en un párrafo había palabras de adulación para ella y su mamá, en otro se las describía como una especie de títeres de las "corporaciones políticas y mediáticas". Graciela Ledo le exigió a Salas Morales que se vaya de inmediato de la casa familiar. "Su suegro está preso (Milani tenía preventiva por el caso Olivera) pero vive. Mi hermano está muerto. No somos tontas. No voy a tolerar esta falta de respeto".   Una fuente que formó parte de las acusaciones contra Milani en el juicio por la desaparición de Ledo le explicó a Clarín cómo se realizó ese proceso. Primero, dos de los magistrados fueron recusados por la familia Ledo. Son Gabriel Casas y Carlos Jiménes Montilla. ¿Por qué la familia de Agapito no quería que el proceso los incluya? Ocurre que mientras investigaban otra megacausa por delitos de lesa humanidad vinculados a la dictadura y Tucumán, un expediente en el que aparecía el nombre de Agapito Ledo y se daban detalles de su desaparición, Casas explicitó sus ganas de trabajar: dijo que él no iba a leer todo ese expediente, de 20 cuerpos. El tercer juez es Lilljedhal, el mismo que votó a favor de una condena contra Milani en la causa Olivera.   Fuentes de este juicio aseguraron que de un modo unilateral e inexplicable, los magistrados decidieron juzgar a Milani y al condenado Sanguinetti usando un nuevo Código Procesal, que permite a los jueces interrumpir a los testigos, entre otras variables que no se pueden aplicar en ese Código que no está vigente en Tucumán. Quienes presenciaron las audiencias coinciden: el juez Casas fue más permisivo con los testigos presentados por la defensa de Milani. De modo llamativo, hubo testigos que declararon que habían olvidado lo que habían dicho en la etapa de instrucción. Antes perjudicaron a Milani. En el juicio oral, al contrario.   La principal prueba contra Milani, por la que fue acusado de falsificación de documento público y encubrimiento de la desaparición de Ledo es la copia del acta de deserción de Ledo. Fue realizada por Milani, según él mismo aceptó en una entrevista con el articulista de opinión de Página/12, Raúl Kollman. Milani cambió de estrategia y, sin explicaciones convincentes, esta vez dijo que esa acta jamás fue hecha por él. Negó lo que antes no. ¿Se usó como prueba los dichos en contrario que había declarado antes los medios? Los jueces las rechazaron. Las Ledo apelarán la absolución de Milani. Agapito, se comprobó en este juicio, fue visto por testigos cuando estaba detenido de modo ilegal, desfigurado por las torturas. Y más: ya figuraba como un soldado "peligroso" por su militancia en el ERP, según consta en informes militares. Uno es de cuando aún estaba en La Rioja. El otro cuando recibía órdenes de Milani y Sanguinetti en Tucumán. Son informes de Inteligencia del Ejército.

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