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Jueves 25 de Mayo de 2017
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Lugares para no perderse
Hostería Nacional Isla Victoria
La primera Hostería Nacional Isla Victoria, inaugurada en 1946, fue por años "el lugar" de Argentina para la luna de miel o el viaje romántico entre los jóvenes de la clase alta porteña. Hasta que ardió en 1982 y sólo quedó su basamento de piedra y hormigón en lo alto del acantilado, a pico sobre Bahía Anchorena.

Noticia
La nueva Hostería Nacional Isla Victoria se levanta en el sitio original y con el mismo estilo, pero con una estructura de acero y madera más espaciosa y moderna. Al sol de la tarde, con vista a la bahía, el lago y la cordillera, la terraza de la Hostería es la más patagónica de toda la Patagonia. Los ventanales del comedor y los salones están a la altura en que vuelan las gaviotas. El espacio infinito y silvestre sobra todo alrededor. Y no faltan rincones íntimos en el interior. Una cava para degustar los mejores vinos del país. Un bar de refugio andino para pocos. Y una cocina patagónico-mediterránea que bien vale el viaje hasta la Isla. Además, un pequeño spa-solarium con sauna y pileta climatizada. Todo un mundo, en una Isla del Sur. Imagine un hotel ubicado sobre un acantilado, que ocupa su propia isla patagónica en un gran lago y mira hacia toda la extensión de los Andes de sur. ¿Cuánto valdría una vista como esa? Afortunadamente, este excluido hotel cumple con su promesa y se encuentra a la altura de sus precios––asumiendo que usted está preparado para pasar, como mínimo, dos noches felizmente desconectado y sin que puedan localizarlo. La moderna estructura de acero y madera fue reconstruida al borde del parque nacional luego de que la estructura original––y menos lujosa– se incendiara en 2002. Para recorrer, los huéspedes toman el bote en el muelle de Tunquelén, el hotel hermano, y se preparan para un viaje panorámico por el Lago Nahuel Huapi. Este importante hotel está completamente rodeado por agua, bosques y montañas de picos nevados. La terraza exterior es popular porque penetra en ese paisaje y permite ver a las aves que pasan volando. En el interior se encuentra una cálida sala de estar con un gran hogar, una sala de juegos provista de sillas de cuero y mucho material de lectura, así como un bar con una lista de vinos sorpresivamente extensa, si se tiene en cuenta lo condicionado que está por el transporte. Las bebidas se sirven en distintos puntos del hotel o en la terraza. Casi todos los puntos ofrecen algún tipo de vista. El restaurante, donde se sirve una mezcla de especialidades patagónicas y mediterráneas, realiza un trabajo admirable, si consideramos que todos los ingredientes son traídos desde lejos, a lo cual se suma una buena cristalería y mantelería, que hacen de éste algo más que un rústico puesto fronterizo. Las comidas están incluidas en los precios (no así las bebidas). Se han destinado varios lugares para reuniones de negocios, pero los ejecutivos Clase A deberían reservar en otro sitio: no existe acceso a Internet y hacer una llamada telefónica no es simple. Es extraño que la piscina exterior climatizada sea el único sitio que no tiene vista: se encuentra en un claro rodeado por el bosque—aun así, no es un mal lugar para relajarse. El spa, el sauna y el hidromasaje constituyen más alternativas de lugares de relax en el interior del hotel. Los huéspedes más activos disponen de cabalgatas, recorridos de montaña en bicicleta y travesías en kayak. Existen unas 30 millas de senderos que se extienden desde el hotel, y el personal puede organizar excursiones de pesca.

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