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Sabado 22 de Septiembre de 2018
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Politica
La Nación prefiere denunciar un supuesto lobby minero pero se distrajo dos años con las prepagas
La estupidez está en todas partes pero, cuando se instala en uno de los poderes republicanos, eso es grave. Y más cuando un diario, La Nación, se hace eco de banalidades que pinta, por otro lado, lo que realmente es este medio de la familia Mitre-Saguier. Una diputada de la Coalición Cívica, es decir opositora al gobierno, denunció lobby empresario de la multinacional minera Bajo La Alumbrera porque la empresa la invitó a ella y al resto de los integrantes de la comisión de minería de la Cámara Baja a conocer el yacimiento en la provincia de Catamarca, en un viaje de ida y vuelta en el día.

Noticia
La diputada en cuestión es Fernanda Reyes, quien dijo según lo publicado por La Nación: "No viajo porque «conozco» Catamarca, a donde fui en numerosas oportunidades, y vi los devastadores efectos socio-ambientales que genera La Alumbrera en el pueblo catamarqueño". "No viajo porque «conozco» de ética pública y no voy a aceptar que una empresa privada financie el viaje de una diputada nacional so pretexto de «conocer» sus instalaciones".

Es habitual que un diputado/a exagere un hecho, más cuando es de la oposición. Sucedió en el debate por el Presupuesto 2011, que no se votó y que la oposición denunció intento de compras de votos del gobierno, cosa que nunca pudo ser comprobado: no superó apenas las conversaciones habituales entre diputados, más un intento de “cama” de una diputada opositora (Cynthia Hotton) a una oficialista (Patricia Fadel).

Lo que merece análisis es la conducta del diario La Nación que debería saber que la empresa La Alumbrera casi todos los años o al menos interrumpidamente, hace este tipo de invitaciones a diputados y senadores para que conozcan el yacimiento a cielo abierto. La invitación fue cursada el pasado 30 de marzo y lleva la firma del vicepresidente de la empresa, Julián Rooney, quien en nombre de la minera respondió que la diputada se basa en “prejuicios o posturas ideológicas”, sin menoscabo de incurrir en la estupidez humana muy habitual en la política, especialmente con el surgimiento de gente nueva que cree hacer la revolución ética y moral y lo único que consiguen es hacer el ridículo.

La semana pasada hubo denuncias de lobby por parte de las empresas de medicina prepaga que obstaculizaron la sanción de la ley regulatoria que, finalmente, se aprobó hace unos días. El lobby debió haber tenido éxito porque esa ley tardó más de dos años en ser debatida y aprobada. El centro de las denuncias fue el diputado radical Peralta, vicepresidente de la comisión de Salud. Sí diputado integrante del Grupo A.

¿No fue más ostensible y alevoso el lobby de las prepagas que lograron más de dos años la sanción de este proyecto, que una denuncia de una diputada que se siente desbordada en su moral y ética por una invitación de una minera que lo hace permanentemente? ¿Cuál es la diferencia? Para la Nación, según la dirección de la denuncia y el protagonista.

La diputada debería saber que la comisión de minería de diputados hace frecuentemente excursiones a empresas o mineras del interior para tomar contacto con la realidad, sin especulaciones morales ni éticas. Hay temporadas que por razones de agenda electoral, estos viajes se suspenden o se postergan sin fecha a causa también de desinterés por parte de los integrantes de la comisión.

Hay otro dato que se suma a la ridiculez: el viaje no se hizo por problemas de logística, dicen.

¿Hay algo más ridículo que una denuncia de este tipo? Sí la seriedad que le pretende dar el diario La Nación, que hace rato pasó el bando poco serio.

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