INFOANPRESS
Lunes 17 de Diciembre de 2018
Agrandar Fuente Reducir Fuente Cambiar Tamaño
Compartir Compartir Facebook twitter
Politica
La impunidad festeja la muerte sin condena
Pedro Durán Sáenz, falleció a los 76 años, por una afección respiratoria. El ex coronel del Ejército será recordado por haber sometido a detenidas y convertirlas en sus esclavas sexuales, obligándolas, incluso, a convivir con él en una casa ubicada en el centro clandestino El Vesubio. Lo paradójico es que esperaba su sentencia en libertad. Era juzgado por 63 secuestros y 19 homicidios. Reflexión sobre los Juicios

Noticia
Rodrigo Borda, abogado querellante del CELS, destacó que si bien la cuestión procesal estaba resuelta y se iba a utilizar el sistema de videoconferencia para que Durán Sáenz escuchara la sentencia del juicio, “es preocupante que muera sin ser condenado. Dispusimos avisarles a los sobrevivientes de su fallecimiento”, concluyó. “Esto demuestra lo dificultosos que son estos procesos de conseguir justicia, porque (Durán Sáenz) muere impune y libre mientras algunas víctimas no pudieron viajar al país porque no querían enfrentarlo en libertad”, dijo el fiscal de la causa El Vesubio, Félix Crous, en diálogo con Página/12.

Uno de los testimonios más desgarradores sobre el accionar de Durán Sáenz fue el que aportó Elena Alfaro, en 1985, durante el Juicio a las Juntas: “Estábamos a merced de cualquier fuerza o cualquier hombre que estuviera ahí, salvo, por supuesto, los detenidos que no harían una cosa por el estilo –contó Alfaro, hoy radicada en el exterior– . Sé del caso de Graciela Moreno, una de las detenidas que fue violada mientras estaba en las duchas. De Elsa, de María del Pilar García, que también fue violada. El ser violada ahí era muy corriente”.

Alfaro relató un instante que pinta al ex coronel de cuerpo entero. Durán Sáenz había tenido problemas con una joven que se llamaba Silvia y a la que habían traído de otro centro clandestino, junto con Elena de Quilmes, y con una chica a quien le decían Tana. En la jefatura de El Vesubio esas tres mujeres fueron sometidas por el militar (su apodo era Delta).

En la noche del 20 de junio, esa jefatura se mudó al Centro de Reunión de Información que funcionaba en el Regimiento de Infantería de La Tablada. Alfaro, embarazada de cuatro meses, también fue trasladada. Durán Sáenz la llevó a una pieza ubicada en el puesto de inteligencia y la violó.

La mayoría de los testigos, ya dio su testimonio en el juicio a las juntas, o están reflejadas en la CONADEP, o en las causas abiertas después del 2003, pero lo llamativo es que son convocados nuevamente a declarar, a relatar el peor de los martirios. Se revictimiza al testigo, se lo obliga a volver a describir una y otra vez, los peores momentos de su vida,  se lo somete a encontrarse con su torturador, que en muchos casos continúa en libertad.

Por lo tanto, es menester que se aceleren los juicios, que las causas se unifiquen por centro clandestino o radio de operaciones. Que se abran los archivos. Que se dejen de acumular perpetuas a las cúpulas de los genocidas, porque no les da la vida para cumplir la condena.  Cárcel común y efectiva para todos los que fueron parte de este genocidio.  Y además, porque la detención de estos genocidas, su condena y el aceleramiento de las causa, es lo único que preserva a las víctimas, hoy, devenidas en testigo. Para que no tengamos nunca más a un Jorge Julio López, o Silvia Suppo, Luis Gerez, o Juan Evaristo Puthod, o Victor Martinez, todos ellos victimas por segunda vez, y son la muestra de que el aparato genocida tiene la impunidad de seguir cometiendo Crímenes de Lesa Humanidad

Jorge Julio López: Secuestrado por segunda vez durante en el 2006. Testigo y querellante en la causa que condeno a Miguel Angel Etchecolatz.

Luis Gerez: testigo y querellante en una de las causas que condenó a Luis Abelardo Patti. Fue secuestrado por segunda vez en diciembre del 2006. Apareció con vida, pero con claros signos de tortura.

Juan Evaristo Puthod: testigo y querellante, lo secuestraron por segunda vez el 29 de abril del 2008. Había denunciado judicialmente amenazas desde hacía un año y medio, cuando fue nuevamente secuestrado, amenazado y golpeado. Apareció con vida y responsabilizó a un grupo de tarea de aquellos años.

Silvia Suppo: Testigo y querellante, en dos causas. Una de ellas condenó por primera vez al Juez Brusa, incorporando a los civiles y a sectores del poder judicial a ser condenados por crímenes de Lesa Humanidad. Fue asesinada por encargo en su local de Rafaela (Rosario) durante el 2010.

Victor Martinez: fue secuestrado este año. Es testigo en la causa Ponce de León. Apareció con claros signos de tormentos y  fue obligado a ingerir pastillas.

Las causas de todos estos testigos y querellantes están frenadas. En ninguno de estos casos hubo detenciones y las investigaciones han sido ensuciadas con pistas falsas.

El programa de protección al testigo se puso en marcha después de la desaparición de Jorge Julio López. Casi ningún testigo acepta ingresar a este programa, porque son las mismas fuerzas que están siendo investigadas las que se encargan de “cuidar” la seguridad de estos testigos y querellantes.

Si las causas contra los genocidas  no se aceleran, algunos de ellos morirán en libertad y sin condena.

Agrandar Fuente Reducir Fuente Cambiar Tamaño
Compartir Compartir Facebook twitter