Dos rostros, dos discursos, dos estilos, la misma persona en menos de 24 horas. A la noche del martes, Javier Milei expuso ante gerentes, expertos en finanzas y empresarios, sólido, docente, catedrático. Recomendable hasta por los que detestan la economía y les resulta árida esa disciplina. Más de una hora de sosegado monólogo explicando parte de un plan que ni siquiera dice corresponderle. No voló una mosca, ni se escucharon cuchicheos en la convención del IAF. El traje y corbata mudó al día siguiente por un atavío oscuro, camperón negro y de cuero, más bien de milicia alemana, las facciones también: endurecidas, crispadas, con la cara endemoniada, vociferante. Más toro de Osborne que león, finalmente esas fieras masculinas se pasan la vida durmiendo, vagoneando, mientras sus hembras son las que cazan y buscan comida.

Parece el Presidente el Jano romano, dual, aunque en ese mismo cuerpo siempre guardó la misma persona que después de un año de gobierno todavía sorprende a un electorado que persiste en objetarle las formas en relación al contenido. Este domingo, sin necesidad y por la bagatela de un comicio inesperado, menor, se probará ante la audiencia porteña como protagonista, casi por el capricho de voltear la estatua capitalina de Mauricio Macri más que por vencer a un sui generis Leandro Santoro que difícilmente —aunque gane— en el futuro alcance una figuración superior a la instancia municipal. Solo así puede entenderse la tontería de disputar una insólita carrera por conquistar un segundo puesto en lugar del tercero, ignorando el primero, a través de los alfiles Manuel Adorni versus Silvia Lospennato. De nacionalizar, ademas, un compromiso electoral que hasta ahora enfrentaba a ignotos concejales, a quienes solo conocen parientes y vecinos, que iban colgados de las listas de rangos superiores.

En verdad, el carácter nacional del comicio del 18 no proviene solo de esta instancia: la Capital Federal exhibió comportamientos opuestos al resto del país y, en las mismas capitales de provincia, la conducta del votante ha sido diferente a la del territorio que integran. Último caso: el triunfo mileista en la capital salteña. Pero ese tipo de contradicción también se observó en distintas épocas: en los 90, por ejemplo, el peronismo de Carlos Menem ganaba en el país pero debió convivir con capitales de provincias en manos opositoras. Y no fueron pocas. A saber: Capital Federal, La Plata, Córdoba, Rosario, Jujuy, Mendoza, Santa Cruz, Chubut, Neuquén y hasta Santiago del Estero. Curioso el fenómeno, escasamente difundido en los análisis políticos, como si las capitales o grandes urbes votaran al revés del interior de sus provincias.

Lo de este domingo, por otra parte, parece distinto por el escaso conocimiento del público de la elección y la eventualidad de una participación menos intensa que en otras oportunidades. Así, dicen, se favorecen aquellas marcas políticas con estructura, tipo el PRO y en menor medida el neo kirchnerismo, al contrario de la nula inserción burocrática del mileísmo. Son muchos los candidatos presidiendo listas, 17 cuyas identidades o trayectorias ignora gran parte del país, del Santoro que era uno del grupo de los “irrompibles” que velaba por la salud de Raul Alfonsín cuando al mandatario lo internaron y se hizo famoso luego por pasear el perro de Alberto Fernández, al misterio del poderoso encono de Horacio Rodríguez Larreta por competir en una competencia menor y tras discutir tres horas con Macri para abandonar el encuentro y sostener: “Haré lo imposible para lastimar a Mauricio”.

Situaciones anómalas, como la de Lospennato, quien llega a la candidatura por el apartamiento de Fernán Quirós, después el rechazo de Guillermo Dietrich y, por último, la retirada de María Eugenia Vidal. Casi descarte. Nunca imaginaron los desertores que se impondría una relevancia política tan notable en la pugna de los ediles. Del lado de Adorni, aunque él se comprometió a lo contrario, habrá que ver si en marzo del año próximo concurre a la banca en el maravilloso edificio del Concejo Deliberante o si regresa a la Casa Rosada. Pueden hacerse apuestas. Poco se sabe de otros candidatos, del delegado Kim de Guillermo Moreno al DT Caruso Lombardi, desarrollista que debe ignorar que a Rogelio Frigerio le decían Tapir o la verdadera razón por la cual Ramiro Marra, fundador de la Libertad Avanza, no puede acercarse hoy a los hermanos Milei. Raro ese distanciamiento ya que si Marra —quien podría irse a vivir a Italia con su pareja más adelante— le trasladara sus votos al postulante Adorni, este casi seguro sería primero.

Ni hablar de otros que van escondidos en las listas, de uno que la cantante Shakira lo objetó en su cercanía por un tema de manejo de fondos, de una doctora que se recibió en forma meteórica, de una candidata que endulza a la izquierda para ver si fascina a los jóvenes o de un funcionario aplicado en un banco estatal cuya esposa colocó a todos los miembros de la lista que acompañan al vocero presidencial. Allí, en el corazón de la Casa Rosada, también este domingo se dirime una interna entre la hermana Karina y el asesor Santiago Caputo, quien nunca se interesó por la estrategia electoral del “jefe”, según considera Javier a su pariente. Más bien, han abundado las discrepancias. Y eso que Caputo sería un experto a considerar. Con malos resultados, habrá requiem para Mauricio Macri este domingo y, si esa mala suerte se traslada al mileismo, arderá el clima en Olivos. Como todo el mundo sabe, al Presidente le molesta la temperatura alta aunque en la noche del domingo diga, si no se cumplen las expectativas por un segundo lugar: no teníamos nada, ahora tenemos más.

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