Psicólogos, médicos y asesores rodean a los candidatos, atacados por los nervios. Como a Javier Milei las encuestas lo ubican primero para la contienda del 22 de octubre, su radiador se llenó de espontáneos, mariposas y langostas. Hasta él mismo alteró hábitos, se ha entusiasmado tiempo completo con su nueva pareja (Fátima Florez), lamenta la distancia entre un domicilio y otro para formalizar un nido común (ella vive en capital, él en un alejado country de zona norte) y cierta tristeza lo aqueja desde que debió ubicar en una guardería a sus queridos perros por culpa del trasiego de la campaña. Un precio alto por comunicarse apenas dos veces por semana con sus afectos caninos, tan preciados por su compañía.

Al margen de su idilio con la artista, Milei encuentra regocijo en el delicioso anecdotario que algunos testigos de la época, nuevos en sus inmediaciones, le comentan de Carlos Menem y su aventura de los 90. Para alcanzar la Rosada y ocuparla. Un revival. Nada que ver con Rothbard ni Misses, tampoco con la filosofía liberal de Benegas Lynch, con el que según algunos comparten discusiones telefónicamente a la mañana temprano.

Irrupciones

Tensa Patricia Bullrich, con fatiga y stress que la obligaron a modificar un tratamiento: se aplicaba una inyección de complejo vitamínico y animoso cada tres meses y, ahora, por el desgaste proselitista, tuvo que cambiar la frecuencia a 30 días. Le viene bien. Cierto desvarío político manifestó en una entrevista al anunciar la futura creación de un “sistema”, esta misma semana, en el cual sin aportar detalles vendría a ser una suerte de ministerio de la felicidad. Copia del propósito constitucional de los norteamericanos o de la cartera af-hoy que puso en vigor el comandante Chávez en Venezuela. No parece que ese pueblo disfrutara de la sonrisa. Da lo mismo el origen, la búsqueda es un reemplazo oficial de la tristeza, de la frustración.

Se inspira Patricia, tal vez, en algún proyecto de un colaborador de Mauricio Macri en su anterior gestión, Alejandro Rozitchner, vate, filósofo, experto en psicotrópicos, quien en otros tiempos solía acompañar al surrealista musico Luis Alberto Spinetta. Recordar que en tiempos del ingeniero mandatario también había desvíos con características esotéricas, el mismo jefe boquense sostenía la conveniencia de observar a los habitantes de Bután que eran, según un dato científico, el pueblo más feliz de la tierra. Difícil medir la felicidad, pero esa observación no sirvió para los habitantes de La Matanza, ni Santiago del Estero o Chaco: necias inclinaciones de Macri que deben haber contribuido a que no repitiera mandato en la Casa Rosada, a que se lo considerara un rico presuntamente sofisticado.

Para colmo de excitaciones, el ex Presidente tuvo una corta entrevista con Patricia hace una semana —solo este medio la registró— que culminó de un modo indeseado para las dos partes. Sin acuerdo para repartir cargos futuros y con reservas controversiales sobre la relevancia y poder otorgados a Carlos Melconian como una suerte de “aspiradora Massa” o “Massa todoterreno”. Macri supone que esa cesión de protagonismo le ha restado a Patricia. Además, se sabe que el ex Presidente ni sueña en condenar o malquistarse con Milei, a quien todo el arco de Cambiemos mira como el rival a vencer.

En consecuencia, la candidata pasó de ser una chica preferida a una díscola en baja que ya no considera necesario la cercanía de su ex jefe. Al revés de lo que pensaba antes de la definición de la interna con Horacio Rodríguez Larreta. Con el alcalde porteño también hubo asperezas, disimuladas por un dolor que la terapia no resuelve. Después del comicio, él estuvo esquivo, indiferente y sin comprometerse con futuros respaldos en un primer encuentro. Luego de algunos días reapareció el diálogo y, en esta ocasión, fue la dama quien le aplicó un blindex en las narices a ciertas pretensiones de Horacio bajo una apelación incontrastable e hiriente: “Perdiste”.

Seduciendo al capital

Al incombustible Sergio Massa, en cambio, no lo arreda ni la confesión de un íntimo amigo suyo, empresario ascendente venido de la política, quien le dijo: “Hasta el 8 de diciembre, soy massista. Después me paso a Milei, hay que vivir”. Ese mismo tránsfuga ya conversó con Milei, “reunión positiva”. Con más dignidad y otras urgencias, ciertos sindicalistas batieron el récord del salto en garrocha, léase Gerardo Martínez de la Construcción (quien siempre se tentó con la libre empresa, visitaba a Domingo Cavallo ministro y contrataba economistas ortodoxos), Luis Barrionuevo de Gastronómicos (molesto con el actual ministro de Economía porque hundió al peronismo por ser el único que no se bajó de la candidatura a pesar de tener opiniones negativas en las encuestas, al revés de Cristina, Alberto Fernández o Daniel Scioli), o Armando Cavalieri de Comercio en condiciones de ofrecerle al postulante de Libertad Avanza el predio de Parque Norte para una futura concentración.

No se sabe lo que hará Hugo Moyano, quien pidió charlar con Milei —aun sin respuesta— para recordar el amable día en que el economista lo acompañó a una marcha de protesta. “Si le pusimos plata a Néstor que nos jodió un rato después de asumir, como no vamos a estar con este hombre que de entrada nos avisa que nos puede joder”. También merodearon José Luis Lingeri y su adlátere Marcelo Filiberti que, en la prosperidad de Agua y Cloro, parece que se aproximaron a Milei y, según algunos, no les disgustó la reunión. Son tantos años de experiencia que tal vez ofrezcan lo que el candidato no tiene: fiscales, ayuda para contar los votos.

Este giro gremial hoy amenaza la actual y frágil unidad de la CGT. Unos, como el hijo de Moyano, combaten a Milei y proponen que el movimiento obrero sea “un muro de contención a la derecha”. Curioso: la misma frase y monserga que antaño su padre utilizaba para “contener al comunismo”. El muro siempre está. Además, otros dirigentes también parecen incómodos: se pronunciaron por Massa y ahora le cuestionan errores varios y una insistencia por concederle espacio a su mujer, Malena, responsable de la campaña, un conchavo que no necesitaba ya que preside Aysa. Reprochan el nuevo servicio luego de haber sido derrotada en su terruño, Tigre, donde se presumía que el triunfo era una vuelta de calesita. Pero en algunos lugares —dicen que los menos vulnerables— sorprendió el rechazo a su terca y provocativa figura.

Sucede en la responsabilidad a un Wado de Pedro, ministro que ni iba al comité de campaña, poco sabe de esos menesteres electorales y, encima, su gente prefería quedarse en las oficinas de la Casa Rosada. Igual Massa retoza en paz: jura que se lleva bien con Cristina, quizás porque ella no habla —su hijo Máximo ni aparece, razón por la cual están pensando en presentar un habeas corpus para recuperarlo—, y confía en que será segundo de Milei para competir más tarde en el ballotage. Repite lo que dicen la mayoría de encuestadores, no precisamente un sello de garantía. Y como si el país no fuera volátil.

(Perfil)