Son iguales Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri, curiosidades de la vida. Aunque no sean lo mismo y no los iguale la altura, el peso, la edad o el sexo. Por el contrario, solo los reúne un destino común por haber ocupado la Presidencia y, ahora, una misma pretensión de azaroso cumplimiento luego de las elecciones del año próximo: designar a un candidato a la Casa Rosada en el 2027, tarea en la que no resultaron airosos, darle esa responsabilidad a un ajeno al que puedan dominar desde su cuestionable Inteligencia Artificial.

Ni Juan Perón tuvo fortuna en un emprendimiento semejante, que algunas capacidades lo distinguían de Cristina y Mauricio, un general que logró imponer a un súbdito (Héctor J. Cámpora) de reprochable lealtad ya que junto a una banda de arribistas casi le arrebatan el patrimonio histórico y la vida. Como se sabe, luego Perón echó al dentista de Giles sin agradecerle los servicios prestados, ni siquiera atendió el protocolo, y unos meses más tarde despidió en la Plaza de Mayo a esos jóvenes que creían saber más que “el Viejo”.

Se dio vuelta la tortilla

Idénticos hoy ante el manual de supervivencia político el ingeniero y la viuda de Kirchner: el año próximo, para las elecciones de medio término, quizás ambos deban enlodarse en la campaña y postularse como diputados, uno en la Capital Federal, ella en la Provincia de Buenos. Es lo que se especula en sus cercanías. A menos que la ex mandataria se recluya a cuidar plantitas en el sur y el boquense se dedique a pasiones aleatorias que suelen convocarlo: el bridge, viajes, organizaciones deportivas, negocios diversos.

Ambos, si eluden esas contingencias, requieren una confirmación de su liderazgo, escriturar ese poder en las urnas y, sobre todo, disponer del poder para confeccionar las listas de aspirantes para descifrar luego el 2027: entonces, dueños de sus partidos, alinearán la tropa, habrán de ungir figuras y continuarán colgados de la estela que alguna vez los llevó a la Presidencia.

Para ella sería una salida necesaria: como buena peronista, hoy va de la casa al trabajo y del trabajo a la casa, vive en una prisión ambulante desde hace años, con miedo ante un público hostil, sin poder comerse un pancho en la calle o visitar un shopping. Hasta perdió la memoria frente a estas tonterías de la vida. La vuelta a competir le podría generar diversión, otra agenda, instalar un muro defensivo en la Provincia sabiendo que regresar a la Cámara baja le garantiza menos limitaciones que la celda del Instituto Patria.

Es imperativo además: la pugna con Axel Kicillof, ya anotado sin su venia para el 2027, le provoca turbulencia, el animoso ladrido de los chusquitos y la razonable duda de sus seguidores: “Si no vas a estar en la cumbre ni en el reparto, ¿por qué voy a seguir a tu lado?”. Tan simple como “es la política, estúpido”, desviación de aquella frase clintoniana. Además, la familia obliga a una defensa extra: su hijo Máximo, en vías de los 50, todavía demanda un tutor para crecer derecho.

Intocables, iluminados y muditos: el dúo ganador de la interna gubernamental

Misma perspectiva para Macri, con su creación partidaria (PRO) diluyéndose, partida en diversos gajos. Sea porque Javier Milei atrae voluntades por representar un concepto más temerario que el del ingeniero y sin ofrecer cargos o prebendas. O por el estallido de la propia agrupación encarnado en una mujer despechada con él, Patricia Bullrich, un retirado a medias que mastica su revancha (Horacio Rodríguez Larreta) y distintos punteros en busca de un mejor lugar bajo el sol.

Este derroche de fidelidades fuerza a la reflexión de Mauricio sobre la imprescindible concurrencia como diputado el año próximo, inclusive para que no se desintegre el bastión primario, la Capital Federal: hoy el primo Jorge no logra aglutinar a las distintas corrientes desde la Jefatura de Gobierno, más bien hay reservas sobre su gestión en los mandos dispersos del partido.

Dicen que Mauricio descubrió una vida más bucólica desde que dejó la Presidencia, pero así como nadie sabe si la guerra empezó antes que la paz, o viceversa, también ahora se castiga por esa etapa de distracción: la entretenida holganza facilitó que se derrita la influencia del PRO en el país, sea por su menor significación en el poder o debido a que el partido desperdició una cantera de jóvenes hoy adheridos a La Libertad Avanza. Error del conductor también esa pérdida de fervorosas voluntades.

Quizás el ingeniero, agobiado además porque si el proyecto Milei se deshace podría arrastrar al macrismo sin que este participe en el gobierno, reconozca la conveniencia de exponerse en una campaña electoral para reparar los agujeros obvios que expone el gruyere del PRO.

Derrames con saldo incierto

En la igualdad de oportunidades, Cristina iría a proteger el espacio bonaerense y Mauricio el porteño. Para sí mismos y para el instituto partidario que representan. De paso, como se sienten dominantes de esos reductos, se afirman para protagonizar las elecciones presidenciales del 2027, en carácter de influyentes partícipes y necesarios, aunque ninguno de los dos puede arrogarse talento para elegir sucesores.

A ella le fue mal con varios, de Fernández a Massa, a él se le escurrió el capital entre los dedos también por escoger confianzas que no fueron tales. Ahora, iguales, tal vez deban exponer sus cuerpos para recuperarse en una profesión en la que nadie se jubila.

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