Antes de viajar al momentáneo reino de la pelota, Mauricio Macri discurrió en un encuentro social sobre los equipos económicos del PRO. Y le recordaron que, en su gestión, había evitado incorporar un superministro del área que le opacara el cartel francés. ¿Pensás lo mismo ahora, el liderazgo político de un Presidente no debe acompañarse en la crisis también con una figura relevante de la Economía. ¿Hay en los equipos de Cambiemos un personaje de esas características?

Se hizo entonces un repaso de varios economistas que asesoran a Horacio Rodríguez Larreta, a Patricia Bullrich, inclusive al mismo Macri, y el ingeniero boquense concluyó en una definición: “Creo que, al final, el ministro a convocar va a ser el armenio”. Para los distraídos, el armenio es Carlos Melconian, quien desde la Fundación Mediterránea promueve un plan con profesionales propios, una suerte de cirujano reconocido al que puede apelar cualquier fracción partidaria sin preguntarle la ideología antes de que utilice el bisturí. Algo así como un Domingo Cavallo de otros tiempos —no en vano representan el mismo instituto cordobés—, dispuesto a la hazaña de que le crean como ministro aunque nadie le crea al Presidente.

Sirve la anécdota del viajero Macri, aficionado al fútbol, paddle, golf y a la organización de eventos internacionales, quien traerá a su casa del Sur, en el verano, al sucesor del famoso Agnelli, Luca de Montezemolo, un ex Ferrari que pretende la sede de los juegos de verano para Italia. Combina negocios con un Macri que trisca entre jeques, sultanes y emires, sea en los estadios o en algunos de los portentosos barcos que ocupan el puerto de La Perla (Qatar) en una reflexión que se enfrenta a la apresurada exhibición que hace 48 horas hizo pública Horacio Rodríguez Larreta con su jefe de Economía y el equipo de profesionales que lo acompaña.

Mostró un paquete de economistas encabezado por el ex ministro Hernán Lacunza que no excitó al empresariado y, por supuesto, mucho menos agravantes fueron las obviedades anunciadas sobre un presunto plan que pretende: “Tenemos que bajar la inflación”, “debemos exportar más”, “vamos por un desarrollo productivo” o “no hay programa económico sin desarrollo sustentable”. Casi de colegio secundario. Tonterías comunes y repetidas esquivando la palabra devaluación, o mezclando “planificación” con desregulación y sin servirse del término liberalizar aunque copien slogans de Roberto Alemann de hace 40 años.

Traspié en la comunicación de la Municipalidad, quizás demasiada ocupada en gastar publicidad en Google o Facebook para segmentos exclusivos, como jóvenes de plaza Once o jubilados de Pompeya, etc. Tal vez le falte peso específico al equipo, pero no se le puede atribuir tantas zonceras a Lacunza, su alter ego Gismondi, Borenstein, Secco o los Echegoyen o Negri que fueron segundos en los ministerios de Macri.

Cuesta entender la prisa en la propaganda del intendente: hizo difundir una fotografía de algunos de los profesionales mencionados cuando estaban en una reunión de rutina y sin preparativos para el acto de prensa. Tampoco se aludió a otros miembros del equipo que no aparecieron, ponderados algunos, como Nicolas Gadano, Lucas Llach, Gustavo Cañonero o Guido Sandleris, quienes hubieran robustecido la fortaleza del equipo. Ni siquiera mostraron a quien, en cierta penumbra, ahora regresa luego de su exilio campestre en Cariló y religioso (budismo), coordinando a tres teams en las inmediaciones de Rodríguez Larreta: Mario Quintana, aquel que junto a Gustavo Lopetegui indujo a varios fracasos de Macri desde la doble jefatura de Gabinete.

Otro detalle: ninguna ventaja obtuvo sobre Patricia Bullrich, quien podría presentar un equipo semejante, con la misma fragilidad de liderazgo, hoy a cargo de Luciano Laspina y la apreciable colaboración de Pablo Guidotti, entre otros. Al menos ella se contiene en la fabricación de humo y preserva asistentes. Curiosamente, lo más notable de la exposición económica fue la falta de critica a la administración de Sergio Massa en Economía, como si no fueran opositores: Horacio no quiere herir a su amigo cuando éste hace equilibrios en la cornisa.

Sorprendió entonces la primaria difusión de Larreta, salvó su necesidad —típica del estilo Massa también— para mostrar actividad y que es un burro de trabajo, tema que pocos discuten. En todo caso, se le objetan otras condiciones. Lo del remanido plan y el elenco de Lacunza resultó fallido por cierta pobreza técnica y la falta de un intérprete indiscutido de la profesión, alguien inclusive que oculte la propia dimensión del candidato-intendente. Ha sido una señal de su conducta, jamás un colaborador más importante que él, olvidando que la participación de protagonismos secundarios, los superministros, se llevan palmas a veces y particularmente los fracasos cuando ocurren. Son preservativos de la cabeza, como diría el vulgo.

Alguna agencia le recomendó al jefe de gobierno mayor actividad con anuncios y medidas, algunas de efímera duración. Por ejemplo, la relativa a su novia Maylin, quien para no olvidar el amor hasta lo secunda en la campaña. O el lanzamiento del médico Fernán Quirós como aspirante a la herencia del Pro en la Capital en abierta confrontación con Macri y al que bendijo Elisa Carrió como suele bendecir a cualquier legatario que emane de la Municipalidad.

Además de consejeros, el nuevo vértigo de Rodríguez Larreta se apoya en un entourage de varios funcionarios, quienes de a 4 a 5 son invitados a sesiones especiales en la semana, casi siempre a las siete de la mañana, en la que proponen y hablan. Aunque admiten que en general no son escuchados, reclamo persistente frente a los hábitos del jefe. Ese cuerpo general y cambiante se integra con el Colo Santilli, el hermano de Horacio, Augusto, Álvaro González, Federico Debenetto, Fernando Straface, Felipe de Miguel o Julia Pomares, casada con un hombre pegado a la Bullrich. Algo parecido a la ministra Soledad Acuña, aspirante a la Alcaidía y también casada con un señor del corazón del macrismo, Julio Kravetz, dispuesto a tomar la posta del intendente Grindetti en Lanús. Siempre son los mismos, divididos pero encerrados en círculos concéntricos, con alguna caracterización de endogamia en la hermética legión del PRO. Y eso que uno solo conoce los casos públicos.

Al margen de estas concurrencias y ocurrencias, no ha sido feliz la última expiación económica de alguien que nunca se supo lo que pensaba en el rubro. Nuevo dilema para un Horacio que lo persigue otra evidencia: tiene1.600.000 seguidores en las redes y, cuando escribió “gol” por un tanto de la Argentina, lo acompañaron apenas 800. Difícil para él comprar carisma.

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